AtréveteAMirar | «Todo fue una máscara hasta que se rompió el hilo que la sujetaba»

El testimonio de una LuZiérnaga llamada Marcela.

 ‘’Me cuesta plasmar tantos pensamientos, sentimientos, recuerdos y experiencias encontradas… en su momento, creí que todo lo tenía bajo control, y no ha sido así; Todo fue una máscara…hasta que se rompió el hilo que la sujetaba. 

La campaña #AtraveteAMirar a las Mujeres Sin Hogar es fruto de las que se atrevieron a eso, a mirar, de aquellas mujeres que con su voz pudieron dar a conocer una realidad oculta: la diversidad de las situaciones de sinhogarismo entre nosotras.

Si bien la mayoría somos conscientes de la dureza de la situación de calle, pocas veces nos hemos parado a pensar qué ocurre con aquellas mujeres que no saben si tendrán la opción de ir a una pensión, o de que su familiar o pareja le deje entrar por la noche a casa sin que haya coacción o donde ejerzan violencias sobre ella. 

Aquello a lo que no le ponemos nombre pasa desapercibido entre nosotras y, por eso, es necesario dar voz a todas las mujeres que comparten contigo esas conversaciones sobre el tiempo en el ascensor de tu edificio, que ves cómo llevan a la amiga de tu hija al colegio o que están haciendo la compra para diez personas cuando sabes que no tiene ni pareja ni hijos. 

La invisibilidad de la situación de estas mujeres imposibilita que los recursos puedan intervenir. Esto es debido a que, estas circunstancias tan heterogéneas se “escapan”, son diferentes a las demandas y necesidades que tienen los hombres que se encuentran en situación de sin hogar; o incluso de aquellas mujeres que están en situación de calle. 

A través de estos testimonios queremos abrir los ojos, mirar, visibilizar las consecuencias y repercusiones que tiene ser una mujer en situación de sinhogarismo oculto. 

#Atreveteamirar con sus ojos, su experiencia, su vivencia: 

‘’Me cuesta plasmar tantos pensamientos, sentimientos, recuerdos y experiencias encontradas… en su momento, creí que todo lo tenía bajo control, y no ha sido así; Todo fue una máscara…hasta que se rompió el hilo que la sujetaba.

 El mirar hacia atrás no me gusta, aunque es referencia a dónde no quiero volver.  Porque duele y mucho, he sacrificado muchos de mis sueños que reemplacé por los de otros sin ser consciente de sus expectativas hacia mí, sabiendo que algunos de esos muchos ya no están. He pasado situaciones que ni en mis peores pesadillas he podido pensar.

Pero en ese desierto, aparecieron las herramientas, que me ayudaron en el andar para restaurar todo. Tomando consciencia y viéndome reflejada en otras personas. En todo este proceso hay mucha tela que cortar, ha sido difícil.

 Las herramientas me han ayudado a identificar que me había pasado y cómo resolverlo, tomando conciencia y trabajando duro, aunque a veces me sentía muy incómoda y fuera de lugar.

La aceptación fue lo más cruel, ya que me tuve que aceptar a mí misma y comprender todo lo pasado.

Todo pasa y, hoy, quiero compartir mi presente, agradeciendo a la Fundación Luz Casanova por esta labor. Me reinserté laboralmente, puedo pagar mi casa en un lugar que siempre me ha gustado, conocer gente nueva y con inquietudes similares a las mías.

Trabajando duro se sale, estoy en el inicio de esta nueva vida, aunque hay días en que aparecen los fantasmas del pasado que dan miedo… pero sí, se puede, con paciencia, constancia y una dirección. 

Hoy puedo decir que salir de ese bucle fue lo mejor que me ha pasado, repito, con el apoyo incondicional de profesionales que me han hecho ver que he sido víctima de violencia de género económica.

¿Olvidar? No podré, pero se dice que el cerebro es selectivo con los recuerdos. Hoy tengo ilusiones, me gusta mucho mi trabajo y el lugar donde vivo y, por supuesto, a mis incondicionales, mis amigas, que han sabido respetar el espacio de soledad que yo misma me he impuesto,

Esta soy yo. Me gusta lo que veo en mí, se lo que quiero y también lo que no quiero, y lo expreso”.

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