#AtréveteAMirar | Meninas Cartoneras
En el proyecto Luziérnagas, de la Fundación Luz Casanova, un grupo de mujeres encontró en la escritura una manera de mirarse, reconocerse y transformar su historia. En colaboración con FACIAM, dentro de la campaña estatal de personas en situación de sin hogar —que en este 2025 ha contado con un Punto Violeta—, se llevó a cabo un taller no mixto de creación de libros cartoneros.
Durante varias sesiones, las participantes exploraron distintas formas de creación: escritura automática, dibujo, poesía, autorretrato y expresión corporal. El objetivo no era solo producir un libro, sino reivindicar el valor de sus voces y la fuerza que nace de compartirlas.
De esa experiencia colectiva surgió “inspiración”, un libro artesanal que recoge los textos y las ilustraciones creados a lo largo del proceso. Se elaboraron 45 ejemplares únicos; ninguno es igual a otro, como tampoco lo son las historias que encierran.
El carácter no mixto del espacio permitió crear un clima de confianza y escucha mutua. En un entorno seguro, las mujeres pudieron expresarse con libertad, acompañarse y reconocerse entre sí, fortaleciendo los lazos del grupo y la confianza en sus propias capacidades.
Esta propuesta se inspira en el movimiento cartonero, nacido en Argentina a comienzos de los años 2000 como una forma sencilla y creativa de acercar los libros a todas las personas. Surgió en un contexto de crisis económica, cuando distintas comunidades comenzaron a editar textos utilizando cartón reciclado, dando lugar a un modo de creación artesanal que, con el tiempo, se transformó en un movimiento cultural que une sostenibilidad, arte y compromiso social.
Hoy, ese espíritu se mantiene vivo en más de un centenar de editoriales cartoneras repartidas por distintos países. Entre ellas destacan Meninas Cartoneras, que acompañó esta iniciativa, y Escorpión Azul, que actualmente prepara una edición de poesía palestina cuya recaudación se destinará a apoyar la causa humanitaria en dicho país.
Para las mujeres participantes, este proceso fue mucho más que una actividad creativa. Fue un espacio para encontrarse y sentirse parte de algo común, un lugar donde la palabra se convirtió en puente y el arte en una forma sencilla de reconocerse y ser reconocidas.
