Ciberviolencia: Cuando la violencia atraviesa las pantallas

La ciberviolencia no deja de ser un maltrato continuo que va directo a nuestra autoestima, nuestra identidad, nuestra dignidad.

Silencio, indiferencia, bloqueo, un mundo y un reloj que se detienen.
Mensajes que desbordan las pantallas y no dejan dormir.
Llamadas interminables, imágenes de cada movimiento de tu día.
Ojos permanentes que observan cada uno de tus latidos, de tus sentires, de tus pensamientos.
Bombardeo de imágenes o vídeos que entran sin permiso y te dejan sin aliento, sin palabras y preguntándote si eres tú quien lo ha provocado.

Se trata de ciberviolencia. No deja de ser un maltrato continuo que va directo a nuestra autoestima, nuestra identidad, nuestra dignidad.

¿Imaginas que estás sufriendo agresiones por parte de tu pareja, pero solo durante unas horas al día es cuando puede humillarte, despreciarte, ponerte en ridículo delante de tus amistades, recordarte que eres insignificante? ¿O quizás recibir mensajes e imágenes de un desconocido que te intimidan, desnudan, cosifican y sexualizan sin tu deseo y consentimiento?

Actualmente, todo eso puede pasar durante las 24 horas del día, cada minuto y cada segundo ya que las llamadas nuevas tecnologías o Tecnologías de la Relación, de la Información y de las Comunicaciones (NTIC o TRIC) se han convertido en una herramienta más para la violencia machista o contra las mujeres y está afectando especialmente a las adolescentes y jóvenes.

La ciberviolencia se manifiesta de muchas maneras y la pueden ejercer parejas o exparejas, amistades, personas conocidas y desconocidas. No entiende de clases socioeconómicas ni del tiempo que pasemos navegando por las redes… Da igual si tienes un móvil de última generación o no, tampoco determina que sufras ciberviolencia el hecho de estar más presente en redes sociales.

Un cierto tipo de amor romántico en el que, con frecuencia, crecemos y construimos nuestras relaciones, es el mejor aliado para un cibercontrol que quiere saber insaciablemente dónde y con quién estás, la ropa que llevas o si te has maquillado. Cuando las palabras no valen, llega la exigencia de fotografías para comprobarlo o incluso activar la geolocalización en el móvil. Los famosos celos se muestran en forma de limitaciones y prohibiciones para interactuar con otras personas en la Red, especialmente si son hombres que pueden suponer “una amenaza” en la relación y tiene su raíz en el afán de posesión de la pareja a través de la censura de fotografías porque cree que le perteneces, que tu cuerpo es suyo… que “tú eres mía”.

Las ciberviolencias se dan también más allá del contexto de las relaciones íntimas: desde la creación de perfiles falsos para contactar con mujeres, robo de claves para invadir su intimidad, publicar en su nombre (suplantación de identidad); violencia digital que revela formas de odio hacia las mujeres (cibermisoginia); la difusión de imágenes íntimas de una persona sin su consentimiento y, a veces, sin su conocimiento (sexprending); el chantaje para que una persona realice una determinada acción bajo la amenaza de publicar imágenes o vídeos íntimos que tiene de ella (sextorsión); el envío de los genitales de una persona sin que lo haya pedido quien lo recibe (dickpic); acciones de un adulto fingiendo ser joven para establecer lazos de amistad con una chica menor de 16 años, con el objetivo de obtener una satisfacción sexual mediante imágenes eróticas o pornográficas de la menor o incluso como preparación para un encuentro sexual (grooming).

Estas son, entre otras muchas, algunas formas de ejercer violencia a través de las nuevas tecnologías por medio de las cuales los agresores, al poder ocultarse tras la red, se atreven a acciones y situaciones que en la vida real no realizarían. Quizás no son conscientes del impacto psicológico, social, laboral, educativo, familiar… que causan a quien la sufre; sin embargo, con un solo click se viralizan contenidos que permanecen en la red y no desaparecen con apagar el móvil o el ordenador. Quizás los agresores piensan que tienen derecho a hacer lo que hacen.

Ante las ciberviolencias, nos preguntamos ¿cuál es la clave para erradicarlas?.

La solución no es que las mujeres “se cuiden más”, que limiten su presencia en redes…La clave para prevenir las ciberviolencias está en el buen uso acompañado y guiado de las nuevas tecnologías en los primeros años, en educar de forma igualitaria, basada en el respeto y los derechos de la otra persona, en el amor positivo, saludable, que permite el mutuo crecimiento.

No olvidemos que la única persona responsable de la ciberviolencia es quien se esconde detrás de una pantalla y ante ella siempre gritaremos ¡BASTA!

✍️Sara Boceta Santano y Nieves Lara Peiró. Equipo de profesionales de la Fundación Luz Casanova

Recursos para saber más:

Publicado el 20 0ctubre 2020 en www.alandar.org

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *