Contaminadas de amor

Contaminadas de amor

No hay nada más hermoso que el amor, dicen los libros. Y sí, sin duda, el amor es uno de los sentimientos más nobles. Pero ojo, también habría que decir que no hay nada más tóxico, insano y malicioso, para la salud de las mujeres, que el amor romántico, que hasta mata. Y lo hace física y psicológicamente, porque nos quita la libertad de ser.

Hablo de multitud de estereotipos que nos cortan las alas, de un sinfín de enseñanzas y mantras repetidos por la sociedad que nos dictan hasta cómo debemos respirar. Porque el amor romántico es esclavitud y una norma contra la diversidad que nos afecta, principalmente a nosotras, de un cuento terrorífico y falso en el que nosotras (princesas, ja) no teníamos otro papel que el de esperar y callar, quietitas, en la torre, mientras él, que elige, guerrea, conquista, disfruta y vive y solo cuando él decide, viene a salvarnos. Él, que además sí viaja, sí mira y compara.

Sí, como recogía Isabel Valdés en El País hace unos meses, la llave de la felicidad de las mujeres en España la siguen teniendo ellos y el romanticismo, por encima de la salud, la familia o su propia autoestima. «Tanto que un 20% de mujeres de todas las edades se dicen atrapadas en una relación que podrían abandonar, pero no lo hacen», escribía la periodista. Recogía un estudio elaborado de Laura Sagnier titulado Las mujeres hoy, sobre cómo somos las españolas. La muestra, que representaba a casi 15 millones de españolas, decía que seguíamos prisioneras de unos estereotipos femeninos que no han evolucionado con el tiempo. Hablaba de un corsé, ceñido a base de mucho amor romántico, basado en una belleza impuesta, una autoexigencia para ser súper mujeres en la familia, el trabajo, lo social, familiar y hasta virtual, sostenido todo en ese creencia de que el amor debe serlo todo.

El mal cuento dice que nosotras, de rosa y tules (aunque piquen), solo esperamos que ese hombre aparezca para convertirse en el sostén de la familia tradicional, es decir, esa que dice el cuento es una relación estable, monógama, heterosexual y, generalmente con hijos. Otro tipo de historias no entran. O sí, pero son un fracaso. Así que avisadas quedan las avispadas que piensan que no quieren medias naranjas, que son una fruta entera y no necesitan que las expriman. Los guionistas les dejarán el papel de solteronas, bolleras, brujas insoportables, rebeldes y respondonas o… ¡todo a la vez!. Al final, una mujer conflictiva por romper con lo establecido del calladita y en casa.

Así que este 14F, época de naranjas, celebremos que queremos exprimir el jugo, el nuestro, sacarle el mayor y mejor sentido a la vida y bailar y disfrutar la diversidad, que enriquece. 

Lula Gómez
Periodista
Responsable de Comunicación
Fundación Luz Casanova

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