violencia y mujeres mayores

Violencia y mujeres mayores

Hace unos días el Instituto Nacional de Estadística publicada su estadística anual sobre Violencia de Género. El número  de mujeres con órdenes de protección o medidas cautelares por violencia de género creció en un 2% respecto al año anterior. El documento contaba también que el mayor aumento del número de víctimas respecto al año 2019 se produjo entre las mujeres de 75 años en adelante. Su registro se incrementó en un 25%. El segmento anterior en cuanto a edad, el de las de 70 a 74 años también ascendió. En su caso, en un 15%.

Desde la Fundación Luz Casanova llevamos años trabajando con estas mujeres, silenciadas y olvidadas por muchos motivos: cuestiones sociales, culturales y religiosas. Denunciamos que sufren como mujeres el machismo estructural de la sociedad, al que suman el edadismo, una variable añadida a su invisibilidad. Y lo terrible es que, según coinciden las expertas, las mujeres mayores son las víctimas que menos ayuda piden y más desprotegidas se encuentran: apenas existen recursos especializados para ellas. Estudios como el impulsado por la Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género constaba que son las que más años aguantan la violencia machista antes de verbalizarla. Según sus investigaciones, a una mujer con años, le puede costar hasta tres veces más. (De 8 años y o meses en poder verbalizarlo, se salta a más de 25).

En muchas ocasiones, esas mujeres normalizan esas violencias, no saben ni entienden el termino “violencia de género»; son dependientes económicamente; y cuando empiezan a ser conscientes de que son víctimas- no son creídas por sus familias. Aparte, dificulta todo más circunstancias como un posible aislamiento social, el control personal continuo hacia ellas y el maltrato y falta de cuidado o atención a ellas de por décadas.

Por todo ello, la Fundación Luz Casanova aboga por soluciones. No podemos seguir computando más mujeres asesinadas, no podemos seguir permitiendo más abuelas asesinadas. Hacen falta recursos económicos, voluntad política, personal especializado y apoyo.

Van algunas claves que venimos repitiendo desde hace tiempo por experiencia propia y por la acumulada de otras asociaciones y expertas que –mano a mano- luchamos contra esta pandemia.

  • Un profesional formado en violencia de género triplica su capacidad de detección
  • Falta formación en violencia de género especialmente hacia mujeres mayores para poder acompañarlas y ayudarlas en sus procesos, distintos en cada una de ellas. Y esa formación debe extenderse a todos los oficios: profesionales de la sanidad, de la judicatura, medios de comunicación, policía…
  • Es preciso entender el ciclo de violencia. La violencia de género es un proceso que no siempre se expresa de una misma manera ni las mujeres lo sienten del mismo modo.
  • No existe un perfil de mujer ni hay factores que aumenten o reduzcan la probabilidad de sufrir violencia.
  • La violencia no es sólo física. Muchas veces comienza con el maltrato psicológico.
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