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El envejecimiento: una cuestión silenciada

¿Quiénes son las personas mayores?, se pregunta Victoria Camps, catedrática emérita de Filosofía Moral y Política de la Universidad Autónoma de Barcelona, en su libro Tiempo de cuidados. “No queremos llamarles viejos ni ancianos, tampoco acaba de gustar lo de «tercera edad». La denominación de «mayores» parece más digna, neutra, menos vejatoria”. ¿A qué edad se considera a una persona «mayor»? ¿A los 65, 70, 80 años?” En palabras de la catedrática: «En definitiva, ¿es o no la edad lo que nos ubica en una determinada categoría, sea cual sea el nombre con que la bauticemos? ¿Cómo hay que abordar el envejecimiento? ¿Se puede envejecer bien? ¿De qué depende conseguirlo: de la voluntad de cada uno, de la dinámica social y económica, de la educación, de las políticas públicas?”

Estas son algunas de las preguntas que se plantea Victoria Camps en el libro citado en el que, además de reconocer la existencia del derecho a ser cuidado y del deber de cuidar, presta especial atención al envejecimiento, “una cuestión silenciada”, según la estudiosa. En efecto, no nos gusta hablar de la vejez, del envejecimiento y cada persona lo afronta de una manera diferente de ahí que las reacciones de cada persona ante la vulnerabilidad personal.

Para la autora existen características generales en todo proceso de envejecimiento, entre ellas, la toma de conciencia del declive irreversible del propio cuerpo, la falta de interés por lo que ocurre alrededor, inseguridad y desconfianza propia y hacia las personas de su entorno, miedo al sufrimiento y a la muerte. En palabras de la autora: “Un sentimiento de inferioridad, de inutilidad, de estorbo, de estar demás en el mundo vacía de sentido el proceso de envejecer”.

Abordar el proceso de envejecimiento en el siglo XXI no es tarea fácil y necesita planificación. Victoria Camps propone llevar a cabo la “construcción social de la vejez” pensada desde la perspectiva de las personas mayores, respetando su autonomía funcional y su toma de decisiones, al tiempo que les facilita la vida. En definitiva, una sociedad pensada para todas las edades.  

Sus reflexiones son muy pertinentes para tomar en consideración el día 1 de octubre, Día Internacional de las Personas Mayores, en el que Naciones Unidas nos recuerda que en 1991 fueron aprobados por la Asamblea General los principios a favor de las personas de edad -las personas de 60 años o más- basados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, y alienta a los Gobiernos a que introduzcan en sus programas nacionales tales principios.

Llama la atención el escaso eco que tienen los principios a favor de las personas mayores en todos los ámbitos -políticos, sociales, económicos-. Como tantas otras declaraciones firmadas por los Estados miembros de Naciones Unidas, también en este caso, se quedan en papel mojado. El incumplimiento de tales principios causa rubor porque estamos hablando, entre otros, del acceso a alimentación, agua, vivienda, vestimenta, a cuidados, atención en salud, ingresos dignos, oportunidades de participación en la sociedad, derecho a tomar sus propias decisiones sobre su cuidado y calidad de vida, derecho a recibir siempre un trato digno, sin discriminación alguna por razón de edad, sexo, raza, etnia, discapacidad u otras condiciones.  (Los Principios de las Naciones Unidas en favor de las personas de edad | United Nations For Ageing).

Se diría que los principios a favor de las personas mayores son una aplicación concreta de la Declaración Universal de los Derecho Humanos; sin embargo, al no estar reconocidos realmente se producen situaciones de extrema vulnerabilidad para aquellas personas que, en la etapa final de la vida, carecen de las condiciones necesarias para vivir dignamente. Nos empeñamos en silenciar el proceso de envejecimiento, de intentar ocultarlo porque nos produce rechazo. Olvidamos que cada persona, con los años, va acumulando un bagaje repleto de experiencias y de vivencias que pueden enriquecernos si somos capaces de descubrirlas, de conocerlas y de valorarlas. 

Mª Teresa de Febrer
Licenciada en Derecho

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