Exclusión residencial y violencia de género, determinante en la salud
La exclusión residencial y la violencia de género son dos fenómenos interdependientes. Así lo afirma el equipo de la Fundación Luz Casanova que colaboró en la investigación y la coordinación técnica del artículo aparecido en la Revista de la Sociedad Madrileña de Medicina de Familia y Comunitaria nº 25), titulado “Exclusión social y violencia de género: fenómenos interdependientes” (diciembre de 2023).
En primer lugar, conviene precisar a qué nos referimos cuando hablamos de exclusión residencial. Ciertamente, se trata de un concepto amplio que incluye la categoría de vivienda insegura que afecta en muchos casos a “las personas que viven bajo amenazas de violencia de género” o la vivienda inadecuada que incluye a las “personas viviendo en alojamientos temporales no convencionales, en alojamientos impropios o en hacinamiento extremo”. Por todo ello surge el interés de la Fundación en poner sobre la mesa la relación existente entre la exclusión residencial y la perspectiva de género para encontrar soluciones intersectoriales que tomen en consideración la perspectiva de género en la exclusión residencial y sus repercusiones en la salud.
Partiendo de la base de que el acceso a la vivienda es un derecho humano según establece la Declaración Universal de Derechos Humanos y la Constitución Española de 1978, desde la Fundación Luz Casanova venimos reivindicando recursos residenciales adaptados a cada persona– pisos, casa en lugar de grandes instituciones (albergues), teniendo en cuenta sus circunstancias vitales y acompañándolas en todo momento. Además, la experiencia nos muestra la necesidad de analizar los espacios públicos o privados de alojamiento ya que los hombres acceden a espacios públicos -como la calle o los albergues nocturnos- con más facilidad que las mujeres dado que en tales espacios se sienten inseguras y temen ser víctimas de violencia sexual. Ellas acuden con más frecuencia a otros tipos de alojamiento privados. Lo que, en muchos casos, invisibiliza su exclusión residencial.
En el momento en el que las mujeres víctimas de violencia de género se ven impelidas a salir de sus domicilios se encuentran en una situación de extrema vulnerabilidad, con carencias de todo tipo. Además, en situación de calle, suelen ser víctimas de violencia de género y están expuestas a condiciones medioambientales extremas, falta de higiene, inseguridad alimentaria… Por otra parte, llegar a un alojamiento de emergencia se puede demorar meses e incluso años, como se señala en el informe citado. Las mujeres víctimas de violencia de género suelen recorrer distintos espacios, cambiar de ciudad o verse en otra comunidad autónoma. El nivel de inseguridad que se alcanza en estas circunstancias es muy elevado y se agrava con la existencia de hijos o hijas a su cargo.
Todo ello repercute gravemente no solo en la salud, sino también en las posibilidades de acceder a una vivienda digna y a recibir la atención sanitaria integral que tanto precisan; sin embargo, siendo esta una situación real para muchas mujeres, con frecuencia aprecian desconocimiento por parte del personal sanitario de las circunstancias que las han llevado a salir de su casa y a enfrentarse a situaciones de exclusión residencial, concepto poco contemplado todavía en el ámbito sanitario.
Así, pues, la exclusión residencial guarda una estrecha relación con la violencia de género que, a su vez, repercute en la salud. Como se señala en el informe citado, tanto la violencia de género como la exclusión residencial constituyen problemas de salud pública y las víctimas -mujeres extremadamente vulnerables y vulneradas- se encuentran, además, con barreras para recibir la atención sanitaria adecuada.
En definitiva, desde la Fundación Luz Casanova estimamos necesario que el sistema sanitario introduzca en sus protocolos la exclusión residencial como un factor determinante social de la salud, entendiendo como determinantes de la salud el conjunto de factores personales, sociales, económicos y ambientales que concretan el estado de la salud de las personas. No en vano, la Organización Mundial de la Salud define la salud como “un estado de completo bienestar físico, mental y social”.
