Impacto de la pandemia en la salud, el bienestar y las condiciones de vida de las personas sin hogar

Investigar para actuar

🟢 El impacto de la pandemia en la salud, el bienestar y las condiciones de vida de las personas sin hogar

Resulta difícil calcular el número de informes que hasta la fecha se han realizado con respecto a las repercusiones de la pandemia en las condiciones de vida de las personas, tal es la cantidad de los mismos; sin embargo, sus características específicas marcan diferencias. Esta afirmación salta a la vista después de leer el informe titulado “Exclusión social y COVID-19: el impacto de la pandemia en la salud, el bienestar y las condiciones de vida de las personas sin hogar”, resultado de la investigación llevada a cabo por la Red FACIAM, de la que forma parte la Fundación Luz Casanova, con la colaboración del Instituto Universitario de Desarrollo y Cooperación de la Universidad Complutense y realizado por Esteban Sánchez Moreno, Doctor en Sociología e Iria-Noa de la Fuente Roldán, Doctora en Trabajo Social, con la financiación de la Comunidad de Madrid.

En primer lugar, merece destacarse el hecho de que estamos ante una fructífera colaboración entre el Tercer Sector -grupo heterogéneo de organizaciones e instituciones de la sociedad civil organizada- y la Universidad Complutense, con resultados muy positivos para ambas partes, ya que cada una amplía sus ámbitos de conocimiento y, en este caso concreto, de acción social para la Red FACIAM.

En segundo lugar, el estudio se ha realizado tomando en consideración a un grupo de mujeres y hombres sin hogar, viviendo en la calle o en alojamientos temporales, refugios y albergues, centros de acogida o instituciones, personas que se alojan en viviendas inseguras o inadecuadas. En efecto, gracias a las respuestas al cuestionario por parte de 641 personas y a las 18 historias de vida que han servido de base para la investigación, hoy disponemos de una serie de conclusiones que afectan a la vida de un sector social poco analizado como es el de las personas sin hogar o en situación de exclusión residencial. Se trata de personas que, siendo visibles en la calle, conforman ”una realidad muy compleja, resultado de una sociedad cada vez más desigual, que expulsa a las personas más débiles y las despoja de oportunidades de acceso a sus derecho más elementales”, como  nos recuerda FACIAM.

En tercer lugar, las conclusiones del informe constituyen puntos de partida para abordar la complejidad del sinhogarismo con enfoques nuevos basados en una realidad que ha sido trastocada por las repercusiones de la COVID-19, repercusiones que todavía hoy no han sido evaluadas en su totalidad. Las conclusiones que aparecen en el informe van acompañadas de propuestas y/o acciones concretas para afrontarlas, cumpliendo así uno de los objetivos del estudio: investigar para actuar. De forma resumida son las siguientes:

  1. La pandemia ha aumentado el número de personas en situaciones vinculadas al sinhogarismo de extrema gravedad, por lo que es necesario una reinversión en recursos de apoyo y acompañamiento, así como la evaluación de las políticas de respuesta a la pandemia con respecto a las personas sin hogar.
  2. Sin políticas de vivienda pública permanente no es posible parar el actual incremento de personas sin hogar y los procesos de exclusión residencial.
  3. Han aumentado los problemas relacionados con la salud mental, especialmente en mujeres y jóvenes, por lo que se precisa reforzar los recursos destinados a salud mental.
  4. El aislamiento social de las personas sin hogar no ha supuesto protección frente a la pandemia; de ahí que hay que repensar las alternativas de alojamiento colectivo en clave de mayor privacidad, pero no mayor aislamiento.
  5. La brecha de género convierte a las mujeres sin hogar en grupo de riesgo y alta vulnerabilidad que aumenta en el caso de mujeres inmigrantes. Los enfoques de trabajo integrados ayudarían a paliar esa brecha teniendo en cuenta el conjunto de las dimensiones de la exclusión de las que son víctimas.
  6. Con la pandemia las relaciones sociales y las redes de apoyo han disminuido para las personas sin hogar, siendo ambas tan importantes como la propia vivienda y así se afirma en el estudio: “El apoyo familiar, de los entornos cercanos, de la comunidad de ciudadanos/as es clave para garantizar el bienestar, la protección y el desarrollo del ser humano. Cuantos más apoyos, más oportunidades”.
  7. El confinamiento ha puesto sobre la mesa la debilidad de los mecanismos de protección social y la dificultad para acceder a ellos, tales como el ingreso mínimo vital o la renta mínima. Estas situaciones requieren políticas en las que prime la confianza hacia las posibles personas perceptoras de ayudas, así como respuestas rápidas.
  8. Aumenta el número de jóvenes sin hogar que presentan graves deterioros psicológicos, inmersos como se encuentran en relaciones sociales precarias y escasas redes de apoyo social. La existencia de núcleos de referencia y de relación con otras personas es clave para prevenir los procesos de sinhogarismo juvenil.
  9. La espiritualidad aparece como un aspecto clave para asumir las dificultades derivadas del sinhogarismo y de la exclusión residencial, especialmente en mujeres y personas de origen africano o latinoamericano. Así pues, hay que integrarla en los procesos de acompañamiento a esas personas.
  10. Las personas sin hogar y en exclusión residencial presentan perfiles muy variados y, en consecuencia, las recetas universales no existen.

La lectura del informe pone de manifiesto que la investigación no se queda en frías conclusiones sino que abre un amplio campo de acción con el objetivo de erradicar el sinhogarismo, “una utopía posible”, como  afirma FACIAM. No en vano, el argumento fundamental de tal afirmación lo encontramos en el artículo 25 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos que cubre un amplio rango de derechos, entre ellos el derecho a la vivienda, derecho que también está reconocido en nuestra Constitución.    

Para descargar el informe completo 👉: Informe_IUDC_FACIAM-29-nov-1.pdf