justicia

Justicia

Como abogado, tengo una confianza “relativa” en la Justicia. De hecho, hasta ella misma tiene una confianza con matices en sí misma, y por eso se inventó el derecho de apelación. Para cuando falla y no se sabe qué es lo que se ha impartido ahí, al salir de la sala. Porque hay veces que la justicia es más apisonadora que taller de reparación de daños, que es lo que debería ser. Yo he visto como a un inmigrante, por serlo, le quitaban por sentencia la posibilidad de ver y saber de su hija. El motivo: que ese interés por la niña, siendo africano, tenía que esconder a la fuerza querer quedarse en el país y obtener unos papeles (psicóloga y jueza dixit), y no amor de padre.

Sin embargo, esta vez, apelación mediante, se ha hecho Justicia. Justicia de la de verdad, en la que la víctima es socorrida y los culpables son reconocidos como tales. Me refiero al Supremo y la manada, claro. El Supremo está para estas cosas. Y quien piense que sólo esta conclusión era la posible, se equivoca. Ellos interpretan y su interpretación, como se decía antes, “va a misa”. A partir de su razonamiento se sienta jurisprudencia y se pone en marcha la fábrica de “copia-pega” para el resto de sentencias de tribunales de España. A partir de ahora, que cinco  seres abyectos, o los que sean, ataquen a una mujer aterrorizada que no pueda defenderse, sí será una violación con todas sus consecuencias, y podrá llamarse así, y denunciarse así, y castigarse así, que al final es de lo que se trata. ¿Qué hubiera pasado si no se hubiera apelado, o si la sentencia hubiera sido otra? …. No nos olvidemos de que antes de este grupo de jueces hubo otro, que dictó una sentencia diferente, bastante diferente. Se ha hecho justicia esta vez, de la de verdad, y podrá replicarse para los siguientes ataques similares. Algo es algo. Estamos de enhorabuena.

Belén Martín
Abogada de profesión y escritora por devoción.
Feminista «hasta el infinito y más allá»;
optimista, espiritual y soñadora.

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