Mujeres Cuidadoras sin casa por el coronavirus

Mujeres Cuidadoras sin casa por el coronavirus

“Se me acabó el dinero que traía. Quedé en la calle al poco de llegar a España. No sabía dónde iba a dormir ni qué iba a ser de mí. No sabía qué podía comer y con la situación covid se hizo más difícil: la pandemia acrecentó los temores de todos”, dice Glore Días García. Su caso representa cómo el tobogán de la exclusión ha sido especialmente severo con las mujeres durante el covid, mujeres con unos trabajos precarios que quedaron directamente sin un espacio donde vivir, expuestas a todo. Son parte de ese terrible e invisible porcentaje de mujeres sin hogar que, según las estadísticas, representan el 15-20% del total. El problema es que esas cifras no contemplan a las muchas mujeres que pernoctan en espacios inseguros y sin condiciones para una vida digna. Si se hiciese, la cifra rozaría el 50% del total, aseveran los expertos en el tema. No obstante, esos terribles números no recogen una importante particularidad: la vulnerabilidad a la que están expuestas por el hecho de ser mujeres.

De un día a otro, Glore Días, de cuarenta y pocos, se vio sin nada: ni techo, ni trabajo, ni papeles, ni un euro para comer. Ella es de Venezuela y llegó a Madrid un poco antes de que se declarase el Estado de Alarma. Jamás pensó que no tendría ni para un bocadillo. La situación, con el país paralizado, hacía todavía más difícil resolver su situación, de vulnerabilidad extrema. Desesperada y sin un sitio donde ir, acudió al Samur Social y con ellos se albergó una noche. De ahí pasó al programa “No Second Night”, un proyecto pionero del Ayuntamiento de Madrid gestionado por la Fundación Luz Casanova para responder a la situación de emergencia generada por la pandemia. Glore es una de las 52 mujeres atendidas desde junio con las que la máxima era clara: que no tuviesen que pasar una segunda noche sin casa. Se trataba de evitar que la situación de sinhogar y todos los daños asociados a esa realidad se cronificasen.

La situación de Glore Días ha cambiado 100%. Hoy vive en un piso de la red de protección social que comparte con otras mujeres y se imagina económicamente independiente en un futuro cercano. Su caso es un ejemplo de lo que ha supuesto esta iniciativa, pensada específicamente para atender a mujeres con una clara perspectiva de género. “La realidad del sinhogarismo femenino sigue siendo invisible y oculta. Ocupan menos el espacio público y no se contabilizan las situaciones de horror en las que están y sobreviven. Muchas mujeres aguantan situaciones muy duras y acaban enfrentándose a distintas agresiones e incluso a acoso sexual al pernoctar en viviendas inseguras de amistades, emplearse como internas sin ningún tipo de derecho o malvivir en sofás prestados… Otras llegan a acuerdos con hombres para mantener relaciones sexuales por el pago de una un vivienda”, señala Noelia Gómez, psicóloga del programa.

Datos positivos

Los resultados de esta iniciativa hablan por sí sólos. El 59% de ellas ha salido de la red que atiende a las personas sin hogar y el 77% de las participantes ha reconectado y accedido a Servicios Sociales. En este sentido, es importante destacar que el 36% de ellas no recibía ninguna atención de Servicios Sociales cuando entraron en el programa. Otro apunte para la esperanza es que  el 54% de ellas obtuvo ingresos propios al termino de experiencia, que se cerró en octubre. Y no era fácil, el 69% no tenía acceso a Sanidad y el 39% de ellas jamás habían tenido contacto previo Sanidad. Más cifras, de las 52 mujeres atendidas, el 42% de ellas carecía de padrón municipal. “Sí, al principio, hasta que no me ayudaron a conseguir ese permiso de sanidad fue muy difícil, porque no sabía cómo se solucionaba y tramitaba eso. Y empadronarse, que es vital”, afirma la venezolana. No Second Night atendía a mujeres de cualquier nacionalidad y edad, con y sin papeles. No había condiciones para atenderlas: el 29% de las mujeres se encontraban en situación administrativa irregular, es decir, que no estaban “legalmente” en España.

Violencias sexuales

A Keyla Valiente (*) que durante el covid también se vio en la calle (trabajaba en hostelería y en pleno estado de alarma se queda sin trabajo, la vida le ha cambiado radicalmente. Ahora trabaja en Kifkit, una asociación para personas migrantes y refugiadas LGTBI+ y vive en un piso de inclusión del recurso comunitario Apoyo Positivo. Su caso es extremo en cuanto a violencias. Ella sufrió diversas agresiones machistas cuando se quedó sin techo y tuvo que dormir seis noches en La Casa de Campo. Ingresó sin nada en No Second Night el 1 de julio. Ahora es autónoma.

“Los datos son escalofriantes. Según lo que nos han ido contando las participantes, el 42% de ellas ha sufrido violencia de género en la pareja; el 27% han sufrido violencia sexual, un 17% afirma haber vivido violencia intrafamiliar y un 10% violencia económica. Otras violencias añadidas a abordar son abusos sexuales infantiles y violencia institucional.  El reto es claro: es necesario un abordaje emocional específico para ellas, mujeres sin hogar y víctimas de violencias machistas múltiples. Y hay que hacerlo desde un ángulo que contemple la interseccionalidad”, asevera Jara Meyer, trabajadora social de la Fundación Luz Casanova. 

Perspectiva de género

Tras estos meses de trabajo con ellas, la Fundación ratifica otro hecho: la violencia machista puede ser una de las causas del sinhogarismo femenino y un factor que impulsa otras enfermedades y dolencias físicas y mentales. La carga emocional que sostienen, sufrida durante muchos años, pasa una inevitable factura en cuanto a su autoestima, soledad, sentimientos de culpa e inestabilidad emocional. “Según tratamos la emergencia (y las mujeres encuentran un lugar de protección y seguridad), empezaron a salir dolencias. Las mujeres somatizan las violencias sufridas durante años», dice Vanessa Bellón, educadora social de la Fundación Luz Casanova.

De ahí que para abordar su problemática haya sido fundamental trabajar con una necesaria perspectiva de género. Porque, dada su invisibilización y el machismo estructural con el que la sociedad las miras, los albergues y demás recursos del sinhogarismo tradicional, no están pensados para atenderlas. Ese fue precisamente uno de los primeros problemas que se vieron cuando se las hospedó en pensiones. De repente, debían compartir el espacio con hombres y no funcionó. “Los hombres no respetaban nuestras circunstancias. Los baños, por ejemplo. Era toda una pelea porque ellos los dejaban demasiado sucios. Y eso no era fácil. Nosotras somos más recatadas. Fue difícil, pero lo peleamos y conseguimos esos espacios”, cuenta Glore Dias, que sueña con trabajar y ser autónoma, económicamente hablando. Y puestos a imaginarse un futuro laboral, quisiera hacerlo desde su conocimiento como mujer que ha pasado una situación de extrema vulnerabilidad. “Mi vida cambió del cielo a la tierra, aquí encontré a una familia. Yo estaba además de sola, sin mis hijas, sin mi familia. Realmente aquí me sentí acogida”, apunta la venezolana. Para ella, una de las fortalezas de No Second Night es haberse podido empoderar y ser consciente de los derechos que tiene. Otro punto que destaca son las nuevas amistades que hizo con las mujeres que compartió vida durante esos meses. 

Cinco puntos clave de No Second Night.

  • El carácter preventivo del programa. Se ha dado una respuesta inmediata a mujeres que por primera vez acuden a la red de atención a persona sin hogar (el 88% de las mujeres atendidas nunca habían estado en situación de calle ni contacto con la Red de Personas sin Hogar). Ese abordaje temprano busca evitar que sus situaciones de vulnerabilidad social pasen a estancarse en exclusión social extrema. 
  • Perspectiva de género y enfoque feminista para superar los estereotipos, patrones educativos, exclusión del espacio público, la violencia y el abuso. 
  • Necesidad de reconectar derechos: acceso a padrón y aun sistema de protección social primero. La información sobre su acceso a derechos jurídicos, vivienda y a un sistema de protección social básico han resultado transformadores para las participantes. 
  • Trabajo en red: sensibilización sobre la necesidad específica de la realidad de las mujeres con otras organizaciones para dar una respuesta intersecciones y transversal a las problemáticas que atraviesan. 
  • Empoderamiento y la ruptura de su aislamiento social que han vivido desde una óptica feminista y sanadora.