Mujeres sin Hogar,

Mujeres sin hogar: más precariedad, más inseguridad y más vulnerabilidad

Bajo el título Las Otras “Pandemias” Que Afectan A Las Mujeres Sin Hogar, Faciam convocó ayer una webinar para abordar la realidad de sinhogarismo con rostro de mujer. Su objetivo: visibilizar el sinhogarismo oculto y las muchas violencias (en plural) que sufren ellas cuando no tienen techo. 

“Prefiero que me pegue uno a que me peguen todos”, fue una de las frases repetidas por las y los participantes para expresar el sentir de las más pobres de los pobres, que este caso también, y dado que la feminización de la pobreza es un hecho universal, tiene rostro de mujer. 

Sonia Panadero, experta en el tema de la Universidad Complutense, arrancó con un porcentaje, el que supuestamente representan las mujeres sin hogar (un 15-20%), una realidad falsa ya que aunque ellas ocupan menos las calles y albergues, la cifra real de la población femenina que no tiene hogar llegaría casi al 50% del total si se considera cómo viven y la exclusión severa a la que se encuentran las mujeres que sobreviven en infraviviendas y situaciones de sinhogarismo más ocultas: compartiendo espacios insalubres, prestándose a favores sexuales o prostituyéndose.

Uno de los problemas señalados por el panel de especialistas, es la falta de perspectiva de género a la hora de buscar soluciones y de dárselas, por esa menor visibilidad de ellas y por un problema estructural: la visión androcéntrica de las políticas. Faltan, por tanto, soluciones para ellas con mirada de género y estudios sobre su situación, coincidieron las y los participantes. Se constata que su deterioro es mayor, que son más vulnerables y que se enfrentan a más inseguridades que los hombres. Otra diferencia con respecto a ellos es su salud, más golpeada. Ellas sufren enfermedades crónicas más severas y múltiples dolencias psicológicas. 

Elena Valverde, de la Fundación Luz Casanova, señaló la necesidad de abordar el problema desde una mirada multidisciplinar y intersectorial que busque su empoderamiento, siga una metodología flexible y cercana, les ofrezca seguridad y bienestar cubriendo un alojamiento específico y sus necesidades básicas y las haga conscientes de la violencia de género que viven. “Las mujeres no tienen que adaptarse a los recursos, son los recursos los que tienen que adaptarse a ellas”, zanjó. En ese sentido, Concha García, de Cáritas señaló que muchas de ellas sufren violencia institucional. 

Vanessa Bellón, también de la Fundación Luz Casanova, expuso algunos datos de la experiencia que acaban de cerrar, No Second Night, un proyecto pionero que busca que las mujeres no pasen una segunda noche en la calle. Su intención: sacarlas del círculo del sinhogarismo con una intervención temprana que evite su cronificación. La iniciativa, que se lanzó durante el Estado de Alarma, financiada por el Ayuntamiento de Madrid, para responder a la situación de emergencia, ha durado cinco meses y sus resultados son más que esperanzadores. He aquí algunos:

-El 77% de las mujeres participantes (30 en total) han reconectado con servicios sociales,
-54% de ellas obtiene ingresos a su salida del programa
-86% de las ellas tiene ya una tarjeta sanitaria
-32% de ellas ha conectado con servicios de la red para atención a mujeres
-97% consideran que No Second Night ha sido positivo para ellas.

Violencias como factor de exclusión
Uno de los puntos a resolver con urgencia son las violencias sexuales a las que están expuestas, muchas veces un factor determinante para llevarlas a la situación de sin hogar. Y aquí, de nuevo, las cifras son decisivas y hablan por sí sólas: el 42% de las mujeres sin hogar han vivido violencia de género por parte de su pareja; un 27% de ellas, violencia sexual; un 17% denuncia violencia intrafamiliar y un 10% violencia económica, según los primeros datos recogidos por No Second Night. Estas alarmantes cifras coinciden con las manejadas por Faciam, que hablan de que un 70% ha recibido agresiones físicas y un 50% agresiones sexuales. 

En el acto también participaron Laura Carrasco, de la Asociación Moradas reincidiendo en la necesidad de una mirada feminista y militante para trabajar con las mujeres sin hogar; Ania Pérez de Madrid, de la Asociación Aires y Pepe Aniorte, delegado del Área de Familias, Igualdad y Bienestar Social del Ayuntamiento de Madrid, que ratificó su compromiso con las mujeres sin hogar. 

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