¿Por qué algunos de nuestros talleres de sensibilización se dirigen a chicos?

Desde el programa Haciéndonos Visibles, desarrollamos talleres de sensibilización para concienciar y prevenir la violencia de género en población adolescente y en mujeres mayores de 60 años. En el plan de intervención que llevamos a cabo, y atendiendo al primer grupo, realizamos diversas sesiones específicas con diferentes grupos: grupos mixtos, chicas y chicos. Sobre este último, nos centraremos en las siguientes líneas. 

Impartir talleres de sensibilización a chicos adolescentes responde a una razón sencilla: trabajar su la identidad como la raíz donde se anclan sus visiones y pensamientos. En un contexto social en el que avanzan los discursos misóginos, nacen nuevos “universos” como la manosfera o corrientes como el antifeminismo, que son ya una realidad. Necesitamos crear espacios de reflexión y conciencia en el que se den las condiciones necesarias para que sean los mismos participantes los que reconozcan y desarmen patrones nada edificantes que derivan de una masculinidad mal entendida.

¿Sobre qué pilares trabajamos?

1. Validar emociones en lugar de juzgar posturas: 

El primer paso es identificar la emoción que hay detrás de cada reflexión: la percepción de injusticia, el miedo al rechazo, la soledad… La experiencia nos demuestra que cuando estos jóvenes se sienten escuchados y validados emocionalmente, tienen mayor predisposición a ejercer el pensamiento crítico.

2. Desjerarquizar el espacio: 

Romper la idea del «adulto que viene a adoctrinar». Las educadoras y educadores no se posicionan como una figura de autoridad que tienen todas las respuestas, sino como un igual que escucha de forma activa, que también habita contradicciones y que genera confianza en este espacio. Cuando eliminamos la necesidad de competir o de «performar» un rol dominante ante sus pares o ante las chicas, nace la honestidad.

3. Referentes que transforman:

Romper la idea del «adulto que viene a adoctrinar». Las educadoras y educadores no se posicionan como una figura de autoridad que tienen todas las respuestas, sino como un igual que escucha de forma activa, que también habita contradicciones y que genera confianza en este espacio. Cuando eliminamos la necesidad de competir o de «performar» un rol dominante ante sus pares o ante las chicas, nace la honestidad.


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¿Trabajas con jóvenes en espacios no mixtos? ¿Cómo abordas estos discursos en tu práctica? Si lo deseas, te ayudamos:

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