Se medicalizan problemas de origen social,

«Se medicalizan problemas de origen social»

Entrevista con Patricia Martínez Redondo, antropóloga y educadora social

“Para tratar las adicciones con mujeres hay que resolver la violencia estructural contra ellas”

“¿Cómo es posible que un mundo que se cree científico haya podido olvidar los problemas de la mitad de la población —sin atender, por ejemplo, a la relación del ciclo menstrual con las enfermedades autoinmunes, cuando hace treinta años sí lo relacionaba— y por el contrario haya medicalizado casi todas las etapas naturales de la vida de las mujeres?”, se pregunta Carme Valls en Invisibles, un libro que ahora se reedita (Capitán Swing) para subrayar que nosotras no hemos estado en los manuales de medicina. 

Muy relacionado con este tema, la Fundación Luz Casanova imparte ahora, de la mano de Patricia Martínez Redondo antropóloga y educadora social experta en género y usos de drogas, un curso sobre adicciones y violencia de género dirigido a profesionales. El objetivo: visibilizar, reconocer y abordar las especificidades de los usos problemáticos de drogas y las adicciones en los casos de violencia de género.

  • ¿Por qué las adicciones siguen sin abordarse con perspectiva de género?

Es un tema estructural ya que la formación que recibimos quienes trabajamos en ese campo, no tiene perspectiva de género… Ocurre en la medicina, en psicología, psiquiatría, trabajo y educación social, etc., en todos los campos de la salud que todavía se abordan sin esa necesaria mirada de género. Si los y las profesionales de la salud no reciben formación, difícilmente pueden aplicar esa necesaria perspectiva de género. Porque tampoco se resuelve con un curso de unas horas o leer un poco sobre ello. En el tema de los usos de drogas y las adicciones, hace falta entender que cultural y estadísticamente sólo hemos hablado de drogas mirando a los hombres, que ocupaban el centro en cuanto a definición de la problemática en sí y la forma de abordarla.

Yo misma, que contaba con trayectoria y formación feminista, hasta el 2004 (llevaba trabajando en drogodependencias desde 1995) no me di cuenta de esa forma androcéntrica de ver y tratar las adicciones y la salud; resulta muy difícil ampliar el foco. Afortunadamente ya empiezan a existir másteres y otro tipo de formaciones sobre ello, pero no se accede a ella de forma masiva, y sobre todo: sigue sin formar parte central de la formación general, la que recibes como profesional para la intervención en usos de drogas y adicciones. Venimos de un enfoque totalmente androcéntrico en el que históricamente las mujeres permanecíamos invisibles, y si acaso, patologizadas y enfocadas como la excepción a la norma. Eso se sigue arrastrando a día de hoy. Además, tendríamos que cambiar el mismo foco de atención, ya que las mujeres presentamos problemáticas principalmente relacionadas con el abuso de alcohol (en soledad) y psicofármacos. No resultamos tan disruptivas socialmente en nuestros consumos problemáticos para nuestra salud, que además ocultamos durante más tiempo. De hecho, cuando sí se nos ve (bien porque pidamos tratamiento o porque no podamos ocultarlo más) se nos sanciona doblemente. Además, volviendo al tema de los psicofármacos: ha habido una medicalización de los malestares de las mujeres, y pareciera que la ansiedad y la depresión sean inherentes a nosotras. Se medicalizan problemas de origen social, problemas cuyas causas tienen que ver con el sistema sexo-género. Debemos hablar de promoción de la salud para cambiar el paradigma de atención en adicciones y así introducir la perspectiva de género.  

✔ Las mujeres abandonan los tratamientos en mayor número que los hombres, ¿por qué?

De nuevo nos encontramos con un problema estructural que no resulta sencillo cambiar. Para hacerlo, es necesario realizar transformaciones en los itinerarios de tratamiento, en los dispositivos existentes y en los recursos residenciales y ambulatorios. Hay que cambiar también los estereotipos y estigmas que pesan sobre las mujeres por un tema de género. De no hacerlo, ellas no se acercarán a los centros de ayuda, y las que lo hacen, no están recibiendo la atención a las problemáticas que es necesario abordar para poder trabajar su adicción (en general, porque a día de hoy ya hay muy buenas prácticas instauradas en este sentido). Porque más allá de esos estereotipos, los tratamientos se han enfocado en la adicción sin ver nada más. Al introducir perspectiva de género, resulta obligatorio revisar cuestiones directamente relacionadas con el desarrollo de la adicción y que a priori no serían nuestro “objeto de intervención”. Hablo desde la carga total de trabajo (empleo más cuidados) o la minusvaloración intrínseca del género femenino, a cuestiones más gravosas en cuanto impacto psicológico, relacionadas directamente con la violencia de género: agresiones sexuales en contexto de consumo de sustancias, maltrato en la pareja, abusos sexuales en la infancia y adolescencia, situaciones de prostitución tanto antecedente como consecuente del consumo, etc. Las adicciones en muchas mujeres no se resuelven sin mirar a esas violencias. Y al revés, igual, no se resuelven esas violencias si no se tratan las adicciones. La cuestión no es priorizar una o otra, sino entender que interaccionan y acompañarlas en su proceso de cambio, mientras se les dota de un espacio seguro y se las protege de la violencia.

Además, en los tratamientos emergen muchas otras cuestiones de género: su papel como madres (el miedo a la retirada de la custodia influye directamente en que no pidan tratamiento porque es un reconocimiento público de su adicción), el mayor rechazo familiar y social hace que tengan menos apoyos durante el tratamiento, mantenerse en un centro residencial suele ser más difícil (sobre todo si son madres), etc etc. Recientemente publiqué un artículo en Pikara que exponía muchos de estos factores multicausales: https://www.pikaramagazine.com/2020/04/por-que-las-mujeres-con-problemas-de-adiccion-abandonan-el-tratamiento/

¿Cómo se relacionan esas violencias de género y esas drogodependencias?

El papel que juegan las sustancias pueden ser recreativo, de ocio, que es lo que ocurre principalmente en los y las consumidoras más jóvenes. Pero según se avanza en la edad, ellas reducen ese consumo mientras que ellos continúan. Hay gente que sostiene que el género nos protege (en tanto que somos socializadas en la prudencia y una mayor percepción del riesgo), pero no es cierto. Porque si lo haces, si sigues consumiendo, se te sanciona. Eres una chica mala que desparrama, eres una consumidora y “cualquier cosa te puede pasar”. Y ese “cualquier cosa te puede pasar” se refiere directamente a lo relacionado con la violencia de género (posibilidad de agresiones sexuales, por ejemplo). Los diversos escenarios de consumo de sustancias (bien sea de forma recreativa o ya en forma de adicción) favorecen que haga su aparición la violencia de género, pero no son, evidentemente, la causa de la misma… Existe una clara sinergia entre drogodependencias y violencias de género, y actualmente está más que detectado que tenemos un amplio porcentaje de mujeres con problemas de adicción que están sufriendo o han sufrido situaciones de violencia de género (en el sentido amplio del término, no solo en el sentido del ámbito de actuación definido por la Ley Orgánica del 2004) Se hace imprescindible trabajar el impacto de la violencia en la vida de las mujeres, y máxime cuando las estadísticas nos indican que esa prevalencia de violencia en las mujeres con problemas de adicción es tres veces superior a la de las mujeres de la población en general… Es un tema invisibilizado, pero es urgente prestarle atención, y ponernos a trabajar conjuntamente.

Lula Gómez
Periodista
Responsable de Comunicación
Fundación Luz Casanova

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