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Sobre sinhogarismo y diversidad

Esta semana, Faciam (entidad de la que la Obra Social forma parte) lanzaba el vídeo La pared invisible, donde se recogen cuatro testimonios de personas afectadas por la diversidad y exclusión, que viven en situación de calle. Son cuatro historias que representan vidas en las que interseccionan y se cruzan varias desigualdades de tipo racial, cultural, étnica, de origen migratorio, de clase o de género. Su objetivo: ayudar a evitar o reducir las consecuencias perjudiciales de desigualdad social, discriminación e injusticia que crean y favorecen la exclusión social y las violencias contra las personas sin hogar. En el relato de sus historias, los cuatro protagonistas del vídeo también nos dan a conocer cuáles son las etiquetas que les impiden construir su futuro.

En el mismo trabajo documental hay también una entrevista a Violeta Assiego, autora de la guía Sinhogarismo y Diversidad, en la que se abordan conceptos clave como qué es la interseccionalidad y se analizan nuestros sesgos inconscientes, a través de los cuales tendemos a encasillar, estereotipar y discriminar a las personas. Susana Hernández , Presidenta de FACIAM, nos cuenta el por qué de esta iniciativa contra el discurso del odio.

  • ¿Por qué estos vídeos?

Hemos querido poner rostro y voz a lo que llamamos “diversidad”. Ver a las personas reales nos ayuda a  empatizar y acercarnos al reconocimiento de nuestros propios prejuicios y sesgos hacia el ellos/as, sea consciente o inconscientemente. Todas las diversidades que cruzan a las personas se pueden convertir en obstáculos para sus itinerarios vitales, contribuyendo a su exclusión social y por tanto, a su situación de sinhogarismo. En nuestros recursos de atención para personas en situación de sin hogar, nos encontramos toda esta diversidad de personas atravesadas de diversos ejes de desigualdad que les han traído o han contribuido a su situación de calle.

Este documento visual nace de un trabajo realizado por Violeta Assiego y publicado por FACIAM. La autora,  tras una formación que impartió en nuestros centros y recursos de la red sobre la perspectiva interseccional en la intervención, quiso reflejar en una guía práctica todo aquello que nos había enseñado. Ahora esta guía se transforma en imágenes para recordarnos  a algunos que estamos muy lejos de aceptar al otro, o que no conseguimos ver los sesgos inconscientes que han arraigado en nuestras mentes y nuestra cultura más de lo que creemos.

  • ¿Por qué ese miedo al «otro», al diferente?

Quizás por eso, porque al considerarlo diferente a nosotros, lo contemplamos como una amenaza. Es muy fácil volcar sobre el diferente la culpa de nuestros males o nuestras crisis sociales o económicas. Socialmente hemos incorporado, queramos o no reconocerlo, unas escalas de valores donde colocamos a las personas en uno u otro lugar, dependiendo de su origen o circunstancias. La mirada interseccional nos devuelve, como en un espejo, aquello que somos y que queremos negar.

El video lo que pretende es que conectemos con las personas, con historias que, con solo algunas pinceladas, adivinamos la pesada carga que han supuesto en sus vidas las discriminaciones vividas. El poder económico, el color, la condición afectivo-sexual, el país de origen, el sexo… de manera cruzada constituyen circunstancias únicas que en cada persona pueden suponer cargas pesadas, si los que miramos lo hacemos con rechazo y odio.

  • ¿Cómo desmontar el discurso del odio?

Es absolutamente necesario. Ahora estamos viviendo un momento peligroso. Algunos discursos que están siendo “autorizados” están conectando con nuestro lado más “primitivo” en el peor de los sentidos. Ante una situación de crisis, los señalamientos a personas de perfiles concretos contribuyen al rechazo que, aunque no sea con violencia, nunca es inocuo. Además de los episodios de violencia que estos días vemos en las noticias.

Desmontar el discurso del odio es aprender, comprender, conocer a otras personas con otros recorridos vitales. Es necesaria mucha pedagogía, mucha cultura social y comunitaria. Todos dependemos de todos. En los centros educativos en importantísimo no bajar la guardia en ceder y negar este tipo de aprendizaje y valores. El discurso del odio es muy fácil de comprar, pero hay que combatirlo con formación, cultura, y conocimiento humano. Quizás los diferentes seamos nosotros. Depende de quien mire. Los derechos humanos no deben ser cuestionados ni condicionados a ninguna circunstancia personal, social o cultural.

  • ¿Qué aspectos debemos revisar para romper estereotipos?

Debemos revisar nuestros valores, nuestras prioridades como seres humanos. Deberíamos revisar nuestra propia vulnerabilidad para entender mejor la del que tenemos enfrente, cada uno/una con sus propias circunstancias familiares, sociales, culturales. Debemos intentar conocer, contactar con personas que no sean solo de nuestro círculo cercano. El conocimiento, genera empatía y vínculo.

¿Es el lenguaje importante? Hablamos de menas y son niños y niñas. Hablamos de prostitutas y son mujeres prostituidas. Hablamos de personas sin hogar y son personas en situación de sin hogar…

Si, efectivamente, el lenguaje es importante. Marca mucho. Puede contribuir al estigma o a la mirada de derechos. El lenguaje nos conduce y refleja nuestra manera de mirar la realidad. Al final el lenguaje es reflejo de lo que somos, lo construimos al utilizarlo. El lenguaje muchas veces nos traiciona y nos impide ver más allá de la etiqueta. Nosotros mismos utilizamos el término “persona sin hogar”, una etiqueta que esconde realidades muy diversas. Esta circunstancia de estar sin hogar es el común a muchas personas con realidades y perfiles muy diferentes. Nombres, adjetivos, verbos…modelan la realidad y nos hacen mirar de una forma concreta. Profesionales, voluntariado, ciudadanía, debemos cambiar algunos lenguajes para que nos ayude a orientar la mirada.

  • Interseccionalidad, ¿por qué?

La interseccionalidad, porque queremos tener en cuenta todos los ejes vitales que atraviesan a una persona y cómo la intersección de todos ellos en cada una de las personas resulta una circunstancia diferente. Ser mujer o ser mujer y de raza negra, o ser mujer, de raza negra y pobre. Y más aún, ser mujer, de raza negra, pobre y de condición LGTBI. En las personas que acompañamos en la red FACIAM vemos como todas estas realidades se van atravesando y debemos tenerlas en cuenta a la hora de intervenir en sus itinerarios y procesos ofreciendo respuestas que permitan la incorporación social o impulsen su camino  a la autonomía por un lado y a la vinculación comunitaria, por otro.

  • Pareciese que la diversidad la vemos positiva si afecta a las personas no vulneradas, pero si hablamos de personas excluidas por raza, cultura, etnia, origen migratorio, clase o género, nos molesta más… ¿Qué ganamos con la diversidad?

Si, por su puesto hay ejes de desigualdad que tienen un peso específico. La condición económica puede modificar la mirada sobre una persona. Si eres pobre, las dificultades y el rechazo y las sospechas se multiplican. Por eso es tan importante considerar a la persona con sus derechos humanos al completo, sea quien sea, venga de donde venga. Podemos idealizar la diversidad en imaginarios que después no se corresponden con la realidad. La diversidad es riqueza, siempre.

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