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Taller de cuentos… para volar

“Pepe se encontraba en Luz Casanova, buscaba empleo de astronauta y lo encontró. Le cambió la vida. Se fue a Plutón y allí montó un garito, “The Pluton dance”. Conoció a muchos aliens…”. Así empieza uno de los cuentos del taller de imaginación y relatos escritos por las personas que acuden a diario al Centro de Día Luz Casanova.

Porque las mujeres y los hombres que viven en situación de sin hogar sufren lógicamente la privación de un techo y seguridad de no tener una casa, pero eso no es todo lo que les falta. No tener casa “mata” y cercena otras muchas posibilidades, a veces, hasta la de soñar. Por eso, en el Centro de Día de Luz Casanova trabajamos y les acompañamos para ofrecerles un lugar seguro para encontrarse y tener ese espacio que supone un hogar. Pero además de servicios básicos como duchas, taquillas, lavandería y alimentación ideamos talleres de yoga, de bienestar y hasta de cuentos para que se recreen, compartan y puedan imaginar el mundo que ellas y ellos quieren. Se trata de que, sin ningún filtro, disfruten de un rato de ocio. La actividad se hace en equipo. Es voluntaria y participan las personas que vienen a diario al Centro, hombres y mujeres que plasman en un cartulina lo que quieren.

Se busca que sueñen, que construyan, que sean los protagonistas que –juntos- creen historias, a pesar de sus muy duras circunstancias de vida. Para María González, una de las integradoras sociales del Centro es un asunto de resilencia, una oportunidad divertida para potenciar la imaginación. Primero, ilustran sobre una cartulina y luego hacen el texto. En el cuento que reflejamos y con el que empezamos este post, el humor estuvo además muy presente. Fue lo que quisieron hacer. Hubo hasta duelos, pero de comer latas de conserva. El final… feminista, como ellas y ellos dictaron. Porque en un principio dos astronautas se disputaron a una dama. Afortunadamente, el grupo de cuenteros decidió que lo lógica era que ella decidiese. Y por supuesto, que tuviesen casa, que tuviesen derechos y que fuesen felices allá entre planetas. Irene, integradora en prácticas y responsable de la actividad, tampoco podía imaginar mejor final.

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