Magdalena Sánchez Blesa. Vamos

Vamos

Hoy traigo a este blog un escrito de Magdalena Sánchez Blesa a quien sigo desde hace un tiempo en Facebook. Me encantan sus escritos, su poesía, me interpela su sensibilidad ante la vida, su puerta (redes) abierta a quién la pueda necesitar… Hoy comparto un escrito leído recientemente en su página de Facebook

Vamos

Recibí su carta sin remitente. El matasellos lo o la delata, es usted de Madrid, pero no tengo más pistas. No sé quién es, ni dónde vive. Desconozco si tiene familia o si por el contrario, se encuentras en la más despiadada soledad. Solo sé que me dice que se encuentra en un momento desesperado de su vida y que me pide que escriba algo en las redes sociales para que las personas que se encuentren de la misma manera que usted, se motiven y sigan adelante. Supongo que verá mis publicaciones y que se dará por contestado o por contestada. Tiene, eso sí lo dice, sesenta años, y no le quedan ganas de seguir viviendo. Me cuenta que ha sonreído siempre, incluso sin tener motivos, que ha tenido una paciencia infinita cuando la vida le ha puesto a prueba, pero que ya no puede soportarse ni a usted mismo, ni a usted misma. Me cuenta que ha dicho muchísimas veces “te quiero” y no siempre ha obtenido respuesta. Me cuenta que ha vencido al rencor mil veces y ha ganado el amor, que lo ha dado todo sin recibir nada a cambio, que le han dado de lado demasiadas veces, que se está haciendo poeta a base de leerme (gracias mil veces). Que llora sin saber por qué, en la oscuridad de la noche. No tengo ni idea si alguien le acompaña en esas lágrimas o no, si alguien se levanta a su lado o si no, si alguien le llama por teléfono de pronto para preguntarle cómo está o no, si es feliz a ratos o no es feliz ni un solo momento de su vida. No sé muchas cosas que quisiera que me contestase, pero tengo suficiente con una frase que me dice en su carta y que se me ha clavado como un dardo en el corazón para siempre: “Me iré sin que se sepa que estuve”.

Queridísima persona desconocida a la que me dirijo sin ni siquiera saber si está todavía en el mundo, o no. Quiero pensar que sí, y le responderé imaginando que me estará leyendo. El mundo, para mí al menos, es muchísimo más hermoso desde que recibí su carta. He estado dándole vueltas a la cabeza para ver qué palabras usar que le alivien el puñado de penas que la vida le ha puesto en el camino. Creo que estamos necesitados de historias como la suya, porque nos hacen mucho más sensibles. Usted representa a un cuarenta y siete por ciento de la población mundial adulta, dicho por un estudio de Global Happiness 2020, realizado por Ipsos, que dicen no sentirse felices. Y me he dado el gustazo de buscar en internet esta estadística orientativa, para que las personas que hoy me leen, sepan que debemos remangarnos aquellos que estemos más fuertes, o aquellos y aquellas que seamos un poco más felices, o estemos menos deprimidos, o seamos más enérgicos, o tengamos más voluntad, o lo que quiera que sea. Señoras y señores, casi la mitad de la población mundial no es feliz. Somos ya cerca de ocho mil millones de personas en el mundo. Casi cuatro millones de criaturas del planeta no lo están pasando bien. Unos tienen hambre, otros tienen enfermedades, otros soledad, otros adicciones, otros y otras no se sienten bien con su físico, hay quien tienen carencias afectivas, gente de la que se abusa de la manera que sea, gente vejada, gente pobre, gente rica con millones de historias, gente con problemas mentales, con tendencia al suicidio, gente amenazada, gente con problemas sentimentales, económicos, que no tienen hogar, etc, etc y etc cuatro millones de veces.

 Hago esta publicación para que quien me esté leyendo, trate de no acostarse nunca en su vida sin haber preguntado a la persona que considere que no está bien, que cómo puede ayudarle. Hay casi cuatro millones de personas de las que no sabemos nada en este mundo, que están pasando uno de los momentos más crudo de su vida, y que tienen que escribir una carta anónima para que alguien dé un grito de auxilio por ellos. Pues este es mi grito, y ojalá llegue hoy hasta usted, persona de sesenta, de ochenta o de diecinueve, que se encuentra con las fuerzas justas para escribir una carta.

 Aquí estamos, pidan ayuda, la mitad de la población mundial, hoy estamos fuertes para decirles: –Agárrense de nuestra mano, que vamos a salir de ese pozo oscuro en el que hoy se encuentran. No se irán ustedes sin que sepamos que estuvieron. Vamos.

Texto recopilado por Charo Mármol