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Violencia sexual, adolescentes y medios digitales

“La violencia no es una fatalidad ante la que nos tengamos que resignar. Es el resultado de una cultura ancestral de dominio y sumisión que se sigue produciendo a través de mecanismos profundamente arraigados”. Esas palabras las pronunció María José Díaz-Aguado en la presentación de La situación de la violencia contra las mujeres en la adolescencia en España. Ella dirigió el estudio promovido, financiado y coordinado por la Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género, y realizado desde la Unidad de Psicología Preventiva de la Universidad Complutense.

El objetivo del documento: dar a conocer la situación actual de la violencia contra las mujeres adolescentes, así como sus condiciones de riesgo y de protección. Se basa en una muestra representativa de 13.267 adolescentes entre 14 y 20 años, de 336 centros educativos no universitarios, distribuidos en 16 comunidades autónomas, además de las ciudades con estatuto de autonomía de Ceuta y Melilla. Igualmente, se han comparado los resultados obtenidos en el año 2020 con los de los estudios anteriores realizados en 2010 y 2013. A este aspecto concreto dirigimos hoy nuestra atención, no sin antes destacar que todos y cada uno de los datos y conclusiones que nos ofrece el estudio son dignos de tenerlos en consideración.

Al detenernos en el apartado dedicado a la evolución entre 2010 – 2013 y 2020, entre otras muchas conclusiones que se citan, nos fijamos concretamente en la que se señala que, entre 2010 y 2013, aumentó la violencia de género vivida por la adolescencia debido, principalmente, al incremento de la utilización de las nuevas tecnologías para ejercer el maltrato. Sin embargo, en el periodo 2013 – 2020 se ha producido una bajada en la violencia de género sufrida por adolescentes, descenso que se atribuye a las campañas de sensibilización y prevención que se han realizado en la pasada década.

Este último dato, aparentemente esperanzador, se contrapone al hecho de la persistencia de roles sexistas cuya consecuencia se ha traducido en un aumento significativo de la violencia y el acoso sexual entre los años 2013 y 2020 por medios digitales, sobre todo a través de internet. En efecto, así se demuestra en conductas a través de medios digitales tales como la difusión de rumores sobre conductas sexuales, la petición de fotografías de carácter sexual, mostrar imágenes sexuales o recibir mensajes de carácter sexual no deseados. 

En palabras de Victoria Rosell, delegada del Gobierno contra la Violencia de Género: “Si con políticas públicas, con inversión y con formación hemos conseguido un descenso de la violencia de género en la pareja, nuestras jóvenes y nuestros jóvenes se merecen también toda la atención que hay que prestar a la violencia sexual”. Al respecto, conviene destacar que el entorno familiar, las amistades, el profesorado, la sociedad en general tienen un papel destacado a la hora de detectar el riesgo que supone el uso inadecuado de los medios digitales y de las redes sociales. En muchos casos no resulta nada fácil, porque el silencio de las víctimas no favorece aquellas actuaciones imprescindibles para afrontar la violencia sexual en la adolescencia, máxime cuando se produce en medios digitales y en el estudio se nos indica que es una tendencia al alza.

Se puede descargar el estudio en este enlace: 7357_d_Estudio_ViolenciaEnLaAdolescencia.pdf (observatoriodelainfancia.es)