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“La interseccionalidad requiere modificar aspectos sustanciales de la intervención social”: Violeta Assiego

El concepto de interseccionalidad lo acuñó en 1989 Kimberlé Williams Crenshaw, académica estadounidense especializada en la teoría crítica de la raza. Ella lo definió como “el fenómeno por el cual cada individuo sufre opresión u ostenta privilegio en base a su pertenencia a múltiples categorías sociales”. De alguna u otra forma, este término busca ir al fondo de las desigualdades para trabajar sobre ellas. En los próximos días, la Fundación Luz Casanova impartirá un curso, dirigido a profesionales, para aplicar esa mirada inteseccional con mujeres mujeres víctimas de violencia de género y/o en situación de exclusión social. Lo impartirán Arancha Lorenzo García y Violeta Assiego Cruz, con quien hablamos sobre el tema.

¿Qué aporta una mirada interseccional?

Nos facilita la posibilidad de trascender de cada una de nosotras y comprender el mundo desde un enfoque de justicia social en el que llegamos a analizar las desigualdades y discriminaciones que surgen en determinados colectivos y sujetos individuales por una serie de opresiones estructurales. Es decir, nos permite trascender del yo para poder comprender las desigualdades y discriminaciones que sufren las personas al margen del marco individual.

¿Por qué hasta ahora hemos aplicado soluciones monofocales?

Tendemos a soluciones monofocales porque tratamos de simplificar los problemas con respuestas sencillas a situaciones multifactoriales que necesitan ser vistas desde varias disciplinas y con una visión sistémica. De hecho, en la intervención social se ha ido incorporando la necesidad de la coordinación y de esa multidisplinaridad para ir a análisis integrales, sistémicos y estructurales.  

Además, al integrar es enfoque global deben tenerse muy presente las voces, las vivencias y la representatividad de las personas a las que se atiende evitando las posiciones jerárquicas o asistencialistas.

La incorporación de la interseccionalidad es todavía algo muy pionero en España. Para empezar, es un proceso gradual y requiere y necesita que las personas que forman parte de los colectivos que venimos denominando como vulnerables tengan una representación dentro de todos los procesos de toma de decisión. Requiere modificar aspectos muy sustanciales de lo que hemos venido haciendo en intervención social. Porque por mucho que fuese un trabajo horizontal e igualitario no dejaba de ser diferenciado.

La interseccionalidad viene a romper las barreras para que las relaciones sean igualitarias y las tomas de decisión sean compartidas con esos grupos sociales más vulnerables. Porque no basta zanjar el tema poniendo la cuota sino que esa presencia debe ser representativa y significativa de las voces y la experiencia colectiva.

¿Cuáles son los principales sesgos inconscientes y discriminatorios con los que nos encontramos a nivel individual en España?

Los sesgos solamente se pueden comprender haciendo un análisis contextual y cultural. Los personales dependen de dónde nos hemos criado y aprendido y cómo hemos ido construyendo nuestras relaciones afectivas, sociales y laborales. En todos esos entornos se va creando una cultura que tiende a jerarquizar a las personas y los comportamientos y que va validando otros elementos y condiciones vinculados a la raza, la orientación sexual, las capacidades…

Y obviamente, en España, hay sesgos muy claros relacionados con el antigitanismo, el machismo, el racismo, la lgtbfobia, la transfobia y con la falta de convivencia con diferentes realidades culturales y familiares.

Los sesgos suelen estar estrechamente relacionados con desigualdades sociales que trascienden a las categorías individuales.

Por último, respecto a las mujeres en situación de sin hogar, con quienes estamos trabajando de forma especial, ¿qué tienes que decir en cuanto a la interseccionalidad?

En el caso de las mujeres en situación de sin hogar, se encuentran dentro de un colectivo, el de las personas sin hogar, tradicionalmente invisibilizado, incomprendido, ignorado, estigmatizado y también temido. Por lo tanto, detrás de la realidad de esas mujeres hay que analizar, desde ese enfoque de interseccionalidad, las situaciones de discriminación que sufren por el hecho de ser mujeres, el lugar que ocupan en la sociedad y las violencias que las atraviesan. Hablo de una serie de situaciones de opresión que permiten comprender la desigualdad de género añadiendo la situación que viven las personas en situación de sin hogar, para quienes la sociedad no ha sabido o querido garantizar la igualdad de oportunidades y para las que el sistema ha fallado.

Si te interesa, puedes apuntarte al curso que impartirán Violeta Assiego y Arancha Lorenzo García sobre interseccionalidad y mujeres víctimas de violencia de género o vulnerables.

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